La república recién nacida clama por incorporarse al cauce de la cultura occidental y, para ello, los bailes, las artes en general y el teatro en particular se ofrecen para construir el espacio de lo público, donde incluso las mujeres tienen su lugar y su tarea modernizadora. Elías Pino Iturrieta nos muestra la aspiración de una sociedad dispuesta a disipar la oscuridad de la violencia y de la guerra

Una de las preocupaciones de los fundadores de la nacionalidad, después de 1830, es el fomento de artes y diversiones que se relacionen con la civilización occidental en boga. La flamante república debe ser como sus modelos de Europa y los Estados Unidos, de acuerdo con la sensibilidad de la clase dirigente que ocupa el lugar del mantuanaje inmolado en las guerras de Independencia. Pero la inoculación de cultura occidental moderna no era tarea sencilla, debido a la permanencia de las costumbres coloniales. Se necesita un trabajo previo de propaganda sobre sus virtudes, sobre sus desconocidas ventajas, y una apología de las primeras manifestaciones que detenga la reacción de los representantes de un modo de vida a punto de extinguirse. De seguidas se verán algunas evidencias de tal afán, que circulan entre 1839 y 1842.

Las mujeres son bienvenidas

La Guirnalda, un semanario creado “para las hermosas venezolanas”, se puede apreciar como pionero de la empresa civilizatoria. El simple hecho de considerar a las damas como sus destinatarias da cuenta de la magnitud del propósito. Los redactores quieren que se incorporen a los espacios que antes les negaba la vida,  que sean estrellas de un rutilante firmamento cuyos tratos desconocen.

Las siguientes letras sobre la suspensión de una función teatral, que circulan  en la entrega de 18 de julio de 1839, pueden aclarar el punto.

TEATRO.- Ha estado poco concurrido en las últimas noches; el domingo 14 debió presentarse la hermosa comedia conocida con el título del PILLUELO DE PARÍS, recibida aquí con tan justo entusiasmo y en la que la señorita Furnier despliega todo su mérito artístico; pero se suspendió por la muerte del Sr. Furnier padre. El domingo próximo deberá ejecutarse, y esperamos que NUESTRAS AMABLES LECTORAS no nos hagan experimentar su sensible falta.

La venta de entradas ha estado floja, según vemos, pero La Guirnalda quiere mejorar la taquilla pidiendo a las caraqueñas que llenen las butacas. Las propone  como soportes de un arte considerado como pecaminoso por la ortodoxia.

También quiere el impreso que animen los bailes con su presencia, según se desprende del entusiasmo de la crónica de uno de ellos, aparecida en el mismo fascículo. Veamos:

BAILE.- Hay por ahora bastante inacción en esta parte; solo tuvimos uno el lunes 8, aunque no en muy grande escala. La concurrencia de ambos sexos fue muy escogida, brillando la elegancia y la belleza tanto en casi todas las señoritas convidadas, como en las de la casa. Reinó el mayor contenido y tuvo fin a las tres y media. Los dueños de la casa de baile, por sus medios, relaciones y elegante local, están llamados a fomentar el gusto por esta honesta diversión con más frecuencia que hasta ahora. Para el sábado de esta semana se prepara otro baile que creemos será muy concurrido.

La Guirnalda habla de una actividad incipiente, de eventos que deberán multiplicarse en el futuro cercano, si nos atenemos a sus pronósticos. Seguramente para no llegar a atrevimientos  cuando se  refiere a  movimientos corporales que todavía no se han impuesto, la cauta publicidad, después de ponderar a las elegantes de la fiesta, o a casi todas, asegura que predominó “el mayor contenido”.

Pero sabemos que ya hay una “casa de baile” con planes para continuar. Esa es la buena noticia,  lo cual no deja de ser un aporte orientado a la permanencia que se debe a la influencia de unos republicanos modernizadores. En 1841 se vende un librito titulado Escuela de contradanzas francesas, o sea Cuadrillas, que encuentra multitud de clientes en la librería de Damirón y Dupouy. Le va de lo mejor a las coreografías más descocadas y mundanas, por lo tanto. Otra buena noticia.

La filarmonía y el entretenimiento popular

La actividad de una Sociedad Filarmónica de Profesores no debió provocar mayores ronchas, pero le  faltan apoyos. De allí que los solicite a través de los folios de El Conciso, el 14 de abril de 1836. Cuando piden recursos a la comunidad, los maestros de la Sociedad Filarmónica no dejan de pregonar las cualidades de un arte que no logra todavía cabal reconocimiento.

La Sociedad, para seguir sus tareas con algún acierto, espera que sus amigos y compatriotas, coadyuven del modo más enérgico a sostener este establecimiento de orden en la sociedad universal, teniendo presente que estas distracciones honestas adornan la civilización del siglo en que vivimos.

Pese a que los empeños filarmónicos son presentados como testimonios de  progreso, los recursos no aparecen. ¿Por qué? Nadie puede responder satisfactoriamente, nadie conoce las razones de la indiferencia, pero podemos encontrar la alternativa de una explicación en el entusiasmo provocado por unos espectáculos que no implican mayor gasto, ni suscripciones obligantes, y que también reflejan el ingenio de una época capaz asombrar a la gente con sus inventos.

Por ejemplo, una tenida  que presenta por medio chelín  el señor Juan Cunion en el 118 de la Calle de las Ciencias. ¿Qué exhibe por un precio tan módico?

UN ÓRGANO CURIOSO

representando diversos bailarines que al mismo tiempo tocarán varios instrumentos tales como el violín , guitarra, &., &.

UNA MECÁNICA,

donde se verá un castillo con tres emperadores y

EL REY DE INGLATERRA

paseándose mientras que el cuerpo de caballería y de infantería desfilan. El mismo cuadro representará  varios y diversos personajes, así como una tropa de valsistas. Durante la representación se oirá la música.

Nota.- La exhibición principiará desde el miércoles 14 del corriente a las 6 de la tarde, hasta las 10 de la noche. Las familias que deseen participar de esta recreación en sus casas, pueden manifestarlo así a su director.

No son inhabituales entonces las sesiones de este tipo, que ponen al alcance de la mano una partícula de las novedades que jamás pudo ver antes la gente común, un fragmento de la ilusión de sentirse parte de un mundo distinto.

“¿Se levanta teatro o no se levanta?”

El teatro es la actividad cultural que acapara mayor interés entonces. Numerosas peticiones llegan a las manos de los presidentes Páez, Vargas  y Soublette, o a los despachos de la Diputación Provincial, buscando subvenciones para las representaciones y el apoyo en torno a la fábrica de un local adecuado para montajes permanentes, sin el salto de mata que predominaba. “En todos los países civilizados el gobierno ayuda más o menos con las rentas públicas a los teatros”, aseguran los dirigentes de la oposición. De allí que se logre la cesión  de una parcela en el centro de la capital, ideal para el cometido. En 1839, el Concejo Municipal de Caracas cede un terreno al general Páez para que  convierta en realidad la mansión teatral por la cual claman los ciudadanos.

Pero, ¿qué pasa con la anhelada edificación? De acuerdo con El Venezolano, periódico del Partido Liberal, una sospecha de ilicitud, o de aprovechamiento personal de un cometido público, tuerce el sendero del proyecto. En su entrega de 11 de enero de 1842, afirma:

Pidió el ciudadano José A. Páez ahora tres años al ilustre Concejo Municipal de Caracas el más hermoso terrazgo o solar que tiene la ciudad, izque para construir un teatro, y a pesar de que dicho solar es la más valiosa propiedad que tiene Caracas, ya por su extensión, y ya por hallarse en el centro del caserío, se hizo el tributo posible por cada ciudadano y de cada municipal, y venciendo graves inconvenientes se concedió el solar al Sr. J. A. Páez. Por supuesto que no fue regalo, ni él lo pidió como regalo, y lo público no se puede regalar: la oferta fue de ponerse a la cabeza de una empresa, o si se quiere de acometerla el Sr. general Páez. No fue el pedido para quedarse el solicitante con el solar. Ni para levantar en él otro edificio (…) Y bien. ¿En qué quedamos? ¿El solar de la ciudad ha entrado ya en el cúmulo de las propiedades de S.E.? ¿Se levanta teatro o no se levanta? Si este Sr. no piensa ya en esto, debe dejarnos nuestro terreno libre.

Cuando los amantes del teatro hacen la solicitud del terreno ante el Concejo Municipal, fundan una compañía promotora en la cual participa Páez mediante la compra de cien acciones, al precio de cien pesos cada una. La relación del Centauro con las veladas culturales, que databa de los tiempos del vínculo con Barbarita Nieves, su amante a quien gustaban la ópera y los sainetes, permite ver que se no se trata de una iniciativa insólita. Además, la compañía de unos propietarios aficionados a las tablas,  que también ponen  de su bolsillo, aumenta la credibilidad del propósito. Se trata de un designio plausible y feliz que es bien recibido por los munícipes,  pero el tiempo pasa y la fábrica se queda en las nebulosas.

El Venezolano fue un enemigo empecinado de los gobiernos llamados conservadores, un impreso capaz de conquistar miles de voluntades contra la hegemonía del célebre lancero. ¿Divulga ahora sospechas partiendo de la mala fe, o para proseguir su tarea semanal de atacar a los godos? De un primer vistazo de los periódicos del oficialismo se desprende que nadie desmiente la historia, que ninguna pluma cercana al poder se detiene en el asunto. El Partido Liberal aumenta de popularidad  debido a la influencia de sus imprentas, los debates de los escritores  se comienzan a distinguir por su aspereza  y en breve se siente la proximidad de una guerra civil, factores que pudieran relacionarse con las hablillas divulgadas.

Terrible para el teatro, que ni siquiera ve cómo se colocan los cimientos de su domicilio. Las “hermosas venezolanas” tienen que esperar para complacer la atrevida invitación de La Guirnalda. Estamos ante pormenores de interés  para descubrir los valladares del empeño civilizatorio que alimenta la república en ciernes, algunos de los cuales se han descrito aquí.