Nos abate la tristeza, nos deja casi mudos, ensimismados

La muerte es una impertinencia

Más aún cuando viene por alguien joven, cuando viene entre violencias impunes y descabelladas a llevarnos latidos valiosos que, de un corazón y otro, nos desgajan de tanta gente buena entre tanto perro suelto y rabioso

Además, es una contradicción celebrar Domingo de Ramos y se nos vaya alguien tan querido por la madrugada… entonces la muerte es más impertinente aún

Los heraldos negros… Vallejo… Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Aturdidos, nos miramos adentro, muy adentro y también al horizonte… al que ha quedado atrás y al del por-venir y las palabras son pocas… ¡Ah, malaya, quisiera uno un buen paso de sanseacabó y todo lo malo se fuera y no muriera más nadie bueno y querido!

Nandita, buena y querida…

Era una niña cuando ingresó al grupo. Era la más pequeña de todos quienes entonces ya soñábamos y trabajábamos entregando la vida en el escenario teatral, en el cine, en las artes, en el gran teatro del mundo… Aunque menuda, siempre impresionó bellamente al subirse en el escenario y crecerse con cada interpretación. Sus dones y sus risas, su corazón, su curiosidad y sus intuiciones, su capacidad de riesgo, sus pasiones y las sucesivas veces que encarnó algún personaje siempre la llevaron a más. Así en el Teatro como en la vida toda. El Teatro de Arte fue placenta, alumbramiento, cuna y piso que la sostuvo en su acelerada, en su emotiva y emocionada vida artística. Su gracia, su alegría de vivir y sus maneras fueron labrando un cauce propio, fluido vital. Lo que aprendió, lo pasó siempre y muy generosamente a quienes venían a verla y a formarse con ella. La noche oscura de las salas de cine también la acogió como un poderoso lucero inevitable de mirar. Sus reflexiones sobre el teatro y nuestro país la hicieron inventar acciones inolvidables por excéntricas que fueran. Siempre quiso más y amó la vida, este tránsito corto y duro que hoy la suelta. No hay muchas palabras para poder agradecerle su paso por nosotros.

Hasta siempre, Nandita…

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