I

Martes 9 de mayo de 2017, 4:30 pm.

Con heridas abiertas, ahogada en una nube de polvillo tóxico, la Plaza Brión de Chacaíto exhibe en silencio lesiones de un reciente combate. Marcas de pintura estallada contra el piso, adoquines desprendidos, bancos con cabillas torcidas al aire, quebrados al calor de la indignación para proveer municiones de cemento. Con este primitivo armamento, el día anterior la vanguardia de la manifestación civil enfrentó en desventaja a los cuerpos de seguridad del Estado, provistos de gases lacrimógenos, escopetas cargadas de proyectiles prohibidos y, sobre todo, de un total desconocimiento del respeto por los derechos humanos.

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II

Desde que comenzaron las protestas, el 1º de abril de 2017, la dupla Policía Nacional y Guardia Nacional Bolivarianas tiene la orden de cortarle el paso a los manifestantes, de represarlos y reprimirlos, de impedir a toda costa que lleven sus demandas al centro del poder político nacional ubicado en el Municipio Libertador de Caracas. Para doblegar el derecho ciudadano a disentir y dispersar la multitud, son buenos el murciélago, la ballena y el rinoceronte: una fauna anti motín de moderna tecnología que despliega alas de metal, escupe chorros de agua y dispara municiones. Pero también daña y ciega vidas.

III

En este espacio tan lastimado, punto de llegada y de partida, mas no de permanencia, convivencia o disfrute, los transeúntes buscan recuperar el ritmo de sus vidas. Van de paso: unos aparentemente ajenos al acontecer, otros con la expresión crispada en el rostro, el ritmo apurado de quien desea huir y buscar refugio. Pocas personas, entre ellas los marginados, abandonados de siempre, ocupan los bancos que sobrevivieron a los destrozos. El régimen acusa a quienes lo adversan de “terrorismo” porque se defienden con piedras, pintura y bombas caseras. Sin embargo, un video revela que ese día la policía aprovechó y también hizo suyos los pedruscos para repeler a los manifestantes.

 IV

Algunos ciudadanos han acudido al llamado de efectuar asambleas de calle. Buscan ubicarse en los asientos y en las gradas que aún ofrecen un espacio de civismo, para escuchar al orador. En medio del tablero de ajedrez a escala humana frente al Centro Comercial Expreso, el profesor de la Universidad Central de Venezuela y abogado constitucionalista Juan Carlos Apitz le explica a un reducido pero atento auditorio el peligro mortal que representa para la democracia venezolana una asamblea constituyente. Es el fraude urdido por un régimen con planes de perpetuarse de manera ilegal. En la plaza golpeada subsiste, o germina, el intento de práctica democrática de la comunidad.

 V

Sobre su pedestal de mármol blanco la estatua de Luis Brión Detrox, almirante venezolano-curazoleño que participó en la guerra de nuestra Independencia, se diluye en la llanura urbana. Le han tapado el rostro, a semejanza de los contemporáneos guerreros de franela que protegen su identidad. Probablemente los más jóvenes desconozcan que la configuración de este sitio, como una gran extensión abierta y peatonal, existe sólo desde 1983 cuando se inauguró la estación Chacaíto del Metro de Caracas. Pero a pesar de su monumentalidad y del deseo de incorporar el arte al espacio público con el gran Cubo virtual azul (1982) de Jesús Soto y la Estructura en tres partes (1985) de Teresa Casanova, la plaza luce incompleta. Nunca terminó de integrarse a los dueños del lugar: el Centro Comercial Chacaíto y el Centro Comercial Expreso ahora encerrados tras las rejas para protegerse de la inseguridad.

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 VI

No hay cafés, ni mobiliario urbano confortable, menos aún en buen estado, que inviten a disfrutar de una perspectiva citadina interesante, con el privilegio de tener por compañía la luz y el cielo caraqueños. El Centro Comercial Único, otra referencia de Chacaíto, también se orienta hacia su interior, ajeno a su entorno. Le preocupa más no mezclarse con el terreno donde estuvo ubicado el Centro Comercial la Cortina, ahora cercado por láminas de metal y alambrada, que se extiende hacia el sur y colinda con la estrecha y sinuosa Avenida Pichincha, convertida en congestionado terminal de autobuses.

 VII

A la espera de un nuevo centro comercial, en la plaza escasean actividades recreativas, educativas o culturales. Aún así, la explanada es lugar privilegiado para mítines. En ella, los grupos de oposición se han reunido durante años. Hoy acoge el descontento generalizado y una toma de consciencia del país que la mayoría desea, impulsores de las protestas tan duramente reprimidas desde la sordera del poder. En el 2006, PDVSA La Estancia no contempló la Plaza Brión en los trabajos de refacción del Boulevard de Sabana Grande. La quebrada Chacaíto marca la frontera entre los Municipios Libertador y Chacao, es la línea invisible donde se le trunca el avance a la marea de manifestantes decididos a tomar las calles hasta lograr un cambio político.

 VIII

La luz dorada de esta tarde de mayo difumina el deterioro de la Estructura en tres partes y exalta el esplendor pasado, aliado a la modernidad, del edificioRoyal Palace.  El Centro Comercial Chacaíto narra las promesas de una recién estrenada (e imperfecta) democracia y de la bonanza económica que pensábamos serían inagotables. Al día siguiente de la reyerta, así como el polvillo invisible permanece estancado y su veneno se obstina en enviarle un mensaje al transeúnte, uno cree escuchar el sonido de un violín que, incansable, interpreta el himno nacional desafiando las detonaciones secas de la represión. Pareciera también que el clamor de la actual cruzada estuviese a punto de brotar bajo los adoquines. Ruge como un oleaje:

‒¿Quiénes somos?
‒¡Venezuela!
‒¿Qué queremos?
‒¡Libertad!

Otras voces, más antiguas, profundas y lejanas, susurran que debemos resistir, anclar la protesta. En la calle arbolada que lleva al transeúnte desde Chacaíto hacia la avenida Libertador, el tricolor nacional se yergue, tensado e incólume. De fondo, como en una postal, nuestra imponente escenografía natural.

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IX

Durante décadas, lugares comunes han habitado nuestro imaginario. En ellos nos apoltronamos cómoda y apáticamente descontando que nuestra democracia, al ser la más antigua de Sudamérica, también sería la más sólida. Dimos por sentado que al haber nacido en la cuna de los libertadores, veníamos al mundo inmunizados contra la opresión. Consideramos que el crecimiento errático y agresivo de Caracas, o el maltrato continuo de una ciudad con escasos y apropiados lugares públicos de esparcimiento, siempre serían compensados por el Ávila y el mejor clima del mundo. Hoy, la voluntad de cambio logrará que el caudal de voces recupere el talante democrático de la sociedad venezolana y derrumbe la frontera imaginaria que atraviesa la Plaza Brión, abriendo este espacio a la convergencia, a la pluralidad, al ejercicio de la participación y al consuelo del ciudadano.

Fotografías: Denise Armitano C.
Acuarela: Juan Carlos Figuera.