“Con este dossier, dedicado a los 70 años de la Plaza Altamira, celebramos también los 448 años de la fundación de Santiago de León de Caracas”. Invitamos a especialistas en arquitectura y urbanismo para elaborar el relato de uno de los íconos de la modernidad caraqueña: la Plaza Altamira; también, para resaltar las figuras de Luis Roche, Enrique García Maldonado, Arthur Kahn, los hermanos Martín y demás pioneros de la ciudad que se abrió paso en las décadas intermedias del siglo XX

Con este dossier, dedicado a los 70 años de la Plaza Altamira, celebramos también los 448 años de la fundación de Santiago de León de Caracas. Acudimos al conocimiento especializado del universo de la arquitectura y del urbanismo e invitamos a importantes docentes en estas áreas, quienes nos hacen un relato muy detallado del origen y el desarrollo del urbanismo de Caracas en las décadas intermedias del siglo XX, destacando la labor de Luis Roche y de sus colaboradores más cercanos. También, tendremos crónicas y otros escritos de importantes escritores, que iremos publicando en los días venideros. Con el paso del tiempo, la figura de Luis Roche ha ganado porque fue un empresario que se atrevió a ir más allá y legó a la ciudad un patrimonio que se comporta como un rasgo de identidad de una de las zonas más valoradas de manera positiva en la compleja metrópolis que es Caracas en estos momentos. Roche logró casar de manera exitosa su emprendimiento privado con el bien común, con lo que tiene impacto en la vida pública; eso no es poca cosa..

En torno al nombre: Altamira

No sé quién bautizó Altamira como Altamira.caracas 448-89

No sé si fue Luis Roche, el empresario, constructor y urbanizador, nacido en Caracas, Venezuela, en 1888, en el seno de una familia de inmigrantes franceses y colombianos, y fallecido en Montreux, Suiza, en 1965.

Se me ocurre que quizá él habría leído la novela de Rómulo Gallegos, Doña Bárbara, emblema literario de la lucha entre la civilización y la barbarie, y de allí, de la idea de progreso positivista, sacó el nombre que lo haría a él mismo civilizador. Luis Roche, al igual que Santos Luzardo, tendría una mirada donde transformar haciendas en ciudades es asumido como un necesario acto de progreso. Además, en el caso de Caracas, gracias al buen gusto y a la generosidad de visión de Roche, el resultado fue feliz y dotó a los desarrollos urbanísticos suyos de verdor y de espacios públicos espaciosos. Su hijo, el científico Marcel Roche, cuenta en el ensayo La sonrisa de Luis Roche (Editorial Arte, Caracas, 1967) cómo había concebido que las calles de San Agustín del Norte, uno de los primeros desarrollos donde estuvo muy involucrado (1925), fueran mucho más anchas que las del centro de la ciudad y tuvieran árboles. El gobernador de turno, General Velasco, las elogió, pero ordenó que se retiraran los árboles porque ¡en Caracas no había calles arboladas y San Agustín del Norte no sería la excepción!

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Casa de la Hacienda Las Dolores, ubicada donde en nuestros días está el Edificio Altamira, al norte de la plaza, diseñado por el arquitecto Arthur Khan.

He buscado, preguntado y hurgado y no he dado con ningún testimonio que dé cuenta del porqué del nombre “Altamira”. Por las famosas cuevas no sería, lo descarto, la urbanización no tiene que ver con prehistoria ni con pinturas ni con nada que esté bajo tierra. Pudiera considerarse que es porque la palabra Altamira sugiere un espacio donde hay belleza para contemplar; pero me inclino a pensar que la imaginación de Gallegos atrapó consciente o inconscientemente a Luis Roche, como a tantos hombres de su tiempo, y le jugó una buena pasada. No hay que olvidar que la exitosa novela pasó al teatro y al cine, a la radio y, más tarde, a la televisión. Doña Bárbara tuvo un impacto muy grande, no sólo en Venezuela sino en todo el mundo hispanoamericano y, muy especialmente, en los años en los que está en auge la carrera urbanizadora de Roche, que son los años del furor modernizador.

Por otra parte, Caracas no tenía otra posibilidad que la de crecer hacia el Este y transformar haciendas en espacios urbanos. Recordemos que estamos en pleno auge del país petrolero. La buena nueva es que Roche se ha de inspirar en los espacios públicos que admira en Barranquilla y Buenos Aires para darles a sus desarrollos urbanos locales belleza, calidad y la relevancia del espacio público que se concreta en plazas, parques infantiles, avenidas anchas y con jardines. Algo que contrasta con la vieja ciudad de Caracas, donde las calles eran estrechas y donde los árboles tenían cabida dentro de los patios de las casas, pero no en las calles ni en las aceras.

Sin duda, el gusto personal de Roche y el de sus colaboradores tenía que dejar huella. Según su hijo Marcel, en el ensayo antes citado, su padre no era un hombre interesado en los fenómenos abstractos y su admiración por el arte, por la arquitectura y por las ciudades, está muy ligada a los patrones románticos del siglo XIX; por tanto, sus sentidos están totalmente alejados de las vanguardias del vertiginoso siglo XX. Quizá es por ello que vemos que la Plaza Altamira tiene una estética de carácter neoclásico, muy acorde con el gusto de la clase a la que estaba dirigida, la cual va a preferir para sus quintas los planteamientos de una arquitectura que recuerda a la vieja hacienda, donde la teja sigue siendo el concepto posible de techo.

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Vista de la plaza y del Edificio Altamira en el año de 1967.

Desde su fundación, en agosto de 1945, la Plaza Altamira fue asumida como un espacio para la alta cultura, con presencia de la música académica de manera regular. En este sentido, cabe recordar que, inclusive, Roche hizo que una compañía de ballet, el Ballet Russe de De Basil, que visitaba el Municipal, fuera a bailar segmentos de El lago de los cisnes en medio de la plaza, al lado del espejo de agua. Esto fue parte de los fastos de inauguración del novedoso espacio.

Hoy en día, año 2015, la Plaza Altamira, rebautizada más tarde como Plaza Francia, puede concebirse como el punto neurálgico de esta compleja urbe en la que devino aquella quieta y rural aldea de Santiago de León de Caracas.

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Una galería de fotos nos da cuenta de cuántas intervenciones y ajustes ha tenido y cómo ha sobrevivido terremotos, construcciones como las del Metro y dramáticos eventos de naturaleza política. Son muchos las significaciones que ha adquirido este sitio con el paso del tiempo, pero cuando uno asiste, por ejemplo, al Festival de Lectura que habitualmente se hace cada abril en sus espacios, uno no tiene palabras para agradecer al empresario y urbanista Luis Roche el que la haya concebido y realizado con su obelisco, sus fuentes y jardines. La Plaza Altamira es, desde hace 70 años, parte clave de Caracas. Caminarla y mirar desde una de sus esquinas sus característicos edificios, con la montaña siempre verde al fondo, y al Hotel Humboldt coronando El Ávila, es un regalo magnífico que se agradece en medio del tráfico que aturde.

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Jaime Bello-León
Editor de El Estilete
Altamira, julio de 2015