Un nutrido grupo de escritores, profesores universitarios y artistas venezolanos emite este comunicado, llamando a la discusión crítica del país que queremos y debemos forjar sobre las ruinas de la dictadura, a partir de la realización inmediata del Referéndum Revocatorio, al cual tiene pleno y constitucional derecho el pueblo venezolano

Nosotros, venezolanos, escritores, profesores universitarios y artistas de diversas procedencias sociales y posiciones estéticas y políticas, dedicados a las expresiones de la sensibilidad y el pensamiento, movidos por la franca indignación frente al estado actual de cosas, rechazamos las maneras sectarias, groseras y arrogantes con las que el actual gobierno conduce los destinos del país, en tanto movimiento militarista capaz de utilizar las posibilidades de la democracia e invocar al poder popular solamente cuando le conviene.

Guiado por un proyecto de ingeniería social que equipara al actual gobierno con las peores experiencias autoritarias, no es muy difícil concluir –esto no es solo una idea, es un padecimiento que comienza en el cuerpo– que solo pretenden instalar un “pensamiento” único y servil en la sociedad venezolana; sí, quieren instituir a la fuerza una sociedad de cabezas agachadas, mansas, sometidas y conformes con la repartición de la miseria que deliberadamente han orquestado; una sociedad llena de carencias, enferma y hambrienta, deprimida en todos los sentidos posibles, desprovista de los bienes más elementales para el buen desarrollo y formación de la vida. Todo esto con el único fin de perpetuarse en el poder a través de la propaganda en los medios de comunicación públicos, la manipulación más perversa de las conciencias, la persecución política, la coacción, el control de los alimentos, el hostigamiento sistemático, la persecución, la difamación, la calumnia, el chantaje, el insulto, la amenaza, el control absoluto del Poder Judicial, el desconocimiento de la Asamblea Nacional y sus funciones de legislación, investigación, interpelación, discusión y control.

No es secreto para nadie que vivimos la destrucción sistemática de la República, entendida en su mejor sentido, como lugar de convivencia entre los que piensan distinto. En las últimas décadas –desde 1999 hasta hoy, puntualmente– hemos sido testigos y víctimas de medidas políticas, legales, económicas y sociales que buscan reprimir y suprimir al individuo, con todas sus potencias creadoras; convertirlo en una maleable masa acrítica, obediente, empobrecida, hincada al ciego culto a la personalidad caudillesca y pendenciera de Hugo Chávez, el gran autor de esta tragedia que ahora se encarga de prolongar el actual presidente. Luego de acabar con los sectores productivos del país, distribuir regalías a los países vecinos, a cambio de complicidades, silencios estratégicos y asesoramientos doctrinarios, ¿debemos recordar todavía que el chavismo despilfarró una de las rentas petroleras más grandes de la historia? Sí, debemos recordarlo y ver cómo las consecuencias de esto se expresan en cada detalle de la vida cotidiana. A la hora de las interpelaciones, no hay respuestas, solo justificaciones y agresiones. Algunos funcionarios hacen silencio. Otros piden fe y sacrificios, mientras niegan el ingreso de la ayuda humanitaria al país en los bienes más esenciales para la salud y la alimentación. En cambio, otros más son expulsados de sus puestos de trabajo, por sumarse a la urgente causa del Referéndum Revocatorio. ¿Qué otra cosa puede pedirse ante la diaria escena de personas revolviendo bolsas de basura en las calles para procurarse la mínima alimentación? ¿Es posible, a partir de algún subterfugio ideológico, pretendidamente socialista, darle la espalda a la realidad de la gente que muere en los hospitales por falta de medicinas, tratamientos, equipos médicos?

El actual gobierno, no está de más recordarlo, desconoce la misma Constitución que propuso en el año 1999; torpedea por todas las vías el cumplimiento del Referéndum Revocatorio para este año; boicotea, prohíbe y reprime las protestas cívicas y pacíficas de los venezolanos (ante las puertas del CNE, por ejemplo); persigue, tortura, encarcela a estudiantes. No es casual que también se haya dedicado a la asfixia presupuestaria de las universidades autónomas, por el solo hecho de no estar alineadas con su posición unilateral y sectaria. Ahora, ese gobierno pretende repartir bolsas de comida, pero en realidad quiere saber quiénes son, cuántos los adversan (¡qué faena!). ¿No es aberrante, alarmante, la creación de un “sistema” que, en lugar de atacar los problemas, va multiplicándolos? ¿Qué gobierno “humanitario” puede vanagloriarse de repartir pequeñas dosis de harina, margarina, leche y azúcar? Esta, entre otras tantas cuestiones –una de ellas, la más gruesa, sin duda, está en la utilización del hambre como arma de chantaje político– hace hoy más que nunca pertinente la urgencia del Referéndum. Lo que debería ser un mea culpa, una revisión y corrección de políticas económicas, el gobierno lo toma como “logros revolucionarios” y “victorias” de sus tediosas batallas imaginarias.

Cada uno de nosotros, dentro de sí, guarda un memorial de todos los agravios y horrores que ha perpetrado el chavismo en los últimos años. No es descabellado pensar que con ellos podrá hacerse una Exposición Universal. Citas, fotos, videos, estadísticas, testimonios, discursos, cadenas, torturas, vejámenes. Sería una alegoría andante de lo que no queremos ser como país. Esta exposición –asúmala el lector como una forma de no olvidar nunca más estos años– deberá tener sala permanente en todos los países de la Región que han sido cómplices en el modelaje de nuestras desgracias, comenzando por la dictadura de los hermanos Castro, que hoy, al contrario de lo que pasa aquí, parece buscar otro camino.

Queremos colaborar en la organización de un país de gente tenaz, creadora, trabajadora. Para esto pensamos que la cultura está vinculada con nuestra actual intemperie y nos ayudará a pensar el país venidero, más consciente, más tolerante, más social, más político –en el sentido más humano de la palabra: saber estar con los otros, saber estar en las diferencias– y así poder defender el derecho a ser libres, capaces de llevar adelante nuestros deseos y proyectos, lejos de los apartamientos, los elogios de la pobreza, el culto desmedido a la personalidad y la militarización de la vida. Las relaciones de los ciudadanos con el Estado, bajo ningún gobierno, pueden estar basadas en la sumisión, la humillación. Al contrario, tienen que ser críticas: construir, organizar, proponer, crear, expandir en lugar de profanar, pulverizar, expropiar, secuestrar, manipular, chantajear.

Desde el espíritu deliberativo, la libertad y el deseo de una vida mejor, más justa, más igualitaria, reclamamos ya mismo un país más amplio, plural, cuyas instituciones y vida cívica –sustentada sobre las bases de una democracia robusta– sean capaces de sintonizarse con las más inmediatas demandas populares, así como dirimir los intensos conflictos sociales, económicos y culturales que ahora mismo asedian nuestras vidas cotidianas.

La cultura –la literatura, la poesía, las artes visuales, el teatro, el cine, la danza, la cultura popular tradicional, la memoria; en fin, el pensamiento independiente, las ideas, la sensibilidad y la creatividad– no puede ser en lo sucesivo un mero adorno en la vida social venezolana, ni mucho menos un instrumento de dominación de las clases enraizadas en el muy complaciente y acomodaticio poder cultural chavista.

La más noble función de la cultura –entre otras– es interpelativa, interpretativa, cuestionadora. Implica un conjunto de identidades y visiones de mundo que, lejos de estorbarse, conversan. Se trata además del punto de partida para pensarnos a nosotros mismos y hacer germinar en las conciencias un pensamiento crítico, autónomo, fértil, lleno de imaginación, impermeable a la voluntad de dominación y adoctrinamiento, es decir, impermeable a las pretensiones del proyecto personalista, regresivo y anacrónico que representa el chavismo,  corriente política llena de antagonismos y contradicciones internas, tal vez aún por estallar con toda su magnitud en el ámbito público.

Súmense a estas discusiones los que se sientan identificados, aprovechando que en este momento de inminente peligro aún quedan espacios para la expresión disidente, ante el desastre imparable que abruma a nuestro país. Es la urgencia cívica que nos convoca ante la máquina de control que representa el chavismo en el poder. Que estas palabras se discutan, repliquen y multipliquen, bajo las más variadas formas, por cada persona, en cada rincón del país, en cada caserío, en cada barrio, en cada calle, en cada urbanización, en los cafetines, los colegios, los quioscos, los liceos, los cuarteles, los abastos, las colas, las universidades, los hospitales, en todos los lugares donde el actual gobierno –capaz de perseguir hasta a sus propias corrientes disidentes, no hay que olvidarlo– concreta sus estragos. Hay que recordarlo: la naturaleza íntima de este gobierno está vinculada con la intolerancia, el fanatismo. Estas pulsiones son contrarias a todo proyecto elaborado desde el bien común, la paz, la concordia, la mesura, el diálogo, el entendimiento crítico.

Nosotros hoy también resistimos el sometimiento y la humillación de una camarilla prepotente que tiene secuestradas a las instituciones venezolanas. Con nuestro nombre propio y ciudadanía, acaso nuestros bienes más preciados, estamos dispuestos a levantar nuestras voces críticas y participar en todas las discusiones posibles por una democracia profunda, cuyas instituciones puedan conducir las diferencias existentes. Se sabe: estos anhelos no podrán lograrse sin la causa del Referéndum. O en otras palabras: la causa del Referéndum es el principio de otro país, menos sometido. Por eso, este es el grito frente a cualquier intento de retardar –o prohibir– el inminente proceso revocatorio. Esta opción hoy representa nuestro derecho a la justicia, la libertad, la civilidad, la democracia, en suma, al siglo XXI. Que así sea.

(Sigue la versión en inglés de Guillermo Parra)
We Venezuelans, writers, university professors and artists of diverse social tendencies and aesthetic and political positions, dedicated to expressions of sensibility and thought, moved by our frank indignation in the face of the situation in Venezuela today, reject the sectarian, vulgar and arrogant manner in which the current government leads the country’s fate, as a militaristic movement capable of utilizing the possibilities of democracy and invoking popular power only when it’s convenient for them.

Guided by a project of social engineering that equates the current government with the worst authoritarian experiences, it’s not too difficult to conclude —this isn’t just an idea, it’s a suffering that begins in the body— that they only want to install a single and servile “thought” in Venezuelan society; yes, they want to institute by force a society with citizens whose heads are hung low, meek, in submission and conforming to the sharing of the misery they have deliberately orchestrated; a society afflicted by shortages, sick and starving, depressed in all possible senses, deprived of the most elemental goods necessary for the proper development and formation of life itself. All of this for the single goal of perpetuating themselves in power through propaganda in all public media outlets, the most perverse manipulation of consciences, political persecution, coercion, the control of food, systematic harassment, persecution, defamation, calumny, extortion, insults, threats, absolute control of Judicial Powers, along with the blocking of the National Assembly and its functions for legislation, research, interpellation, discussion and control.

It’s no secret for anyone that we’re living through the systematic destruction of the Republic, understood in its most logical sense as a place for co-existence among those who think differently. In recent decades —from 1999 until today, punctually— we’ve witnessed and been victims of political, legal, economic and social measures that seek to repress and suppress the individual, along with all his creative potential, turning him into an acritical, obedient, impoverished mass, sunken in the blind cult of personality around the quarrelsome caudillo Hugo Chávez, the great author of this tragedy that the current president is in charge of prolonging. After destroying the country’s productive sectors, distributing gifts to neighboring countries in exchange for complicity, strategic silences and doctrinaire advisors, do we still need to remind ourselves that Chavismo wasted one of the greatest petroleum booms in our history? Yes, we need to remind ourselves and observe how the consequences are expressed in every detail of daily life. When it comes time to respond to the interpellations, there are no answers, only justifications and aggression. Some functionaries remain silent. Others ask for faith and sacrifice, while they deny any humanitarian aid for the country for the most essential items related to health care and food. Relatedly, others are fired from their jobs for adding their names to the Recall Referendum. What else can we ask for when faced by the daily scenes of people scavenging through trash bags on the streets to find the most minimal amounts of nourishment? Is it possible, by means of some supposedly socialist ideological subterfuge, to ignore the reality of people dying in hospitals for lack of medicine, treatments and medical equipment?

It’s important to remind ourselves that the current government does not follow the very same Constitution it proposed in 1999; undermining by all means the observance of the Recall Referendum for this year; boycotting, prohibiting and repressing all the civic and peaceful protests of Venezuelans (for instance, at the doors of the National Electoral Council); it persecutes, tortures and jails students. It’s no coincidence that it has also been asphyxiating the budgets of the autonomous universities, for the mere fact of not aligning themselves with their unilateral and sectarian position. Now this government intends to hand out bags of food, but it actually wants to know who their opponents are, how many oppose them (what a task!). Isn’t the creation of a “system” that instead of attacking problems multiplies them an alarming aberration? What type of “humanitarian” government brags about handing out small quantities of cornmeal, margarine, milk and sugar? These, among other matters —one of them, the most difficult one, without a doubt, is the use of hunger as an arm of political extortion— make the urgency of the Referendum more pertinent than ever today. What should be a mea culpa, a revision and correction of economic policies, is taken by the government as “revolutionary achievements” and “victories” in their tedious, imaginary battles.

Each one of us, within ourselves, holds a memorial for all the affronts and horrors that Chavismo has perpetrated in recent years. It’s not unreasonable to think these could be turned into a Universal Exhibit. Quotes, photos, videos, statistics, testimonies, speeches, forced government TV and radio transmissions, tortures, taunts. It would be a walking allegory of what we don’t want to be as a country. This exhibit —let the reader assume it as a way of not ever forgetting these years— should have a permanent hall in every country of this region that has been complicit in modeling our disgrace, beginning with the dictatorship of the Castro brothers, who today, contrary to what’s happening here, seem to be seeking another path.

We want to collaborate in the organization of a country with tenacious, creative and hard-working people. For this purpose we think that culture is tied to our current storm and will help us think of the country to come, one that’s more conscious, more tolerant, more social, more political —in the human sense of the word: knowing how to be with others, knowing how to exist amid differences— and in this way being able to defend the right to be free, capable of carrying out our desires and projects, far from the separations, the empty praises of poverty, the excessive cult of personality and the militarization of everyday life. The relationship between citizens and the State should not be based on submission and humiliation, under any government. On the contrary, it must be critical: building, organizing, proposing, creating, expanding instead of profaning, pulverizing, expropriating, kidnapping, manipulating, blackmailing.

With a deliberative spirit, freedom and the desire for a better, more just, more egalitarian life, we demand immediately a more just and plural country, whose institutions and civic life —sustained with the base of a robust democracy— are capable of being in tune with the most immediate popular demands, as well as resolving the intense social, economic and cultural conflicts that assault our daily lives at this very moment.

Culture —literature, poetry, visual arts, theater, dance, traditional popular culture, memory; in sum, independent thought, ideas, sensibility and creativity— can’t continue to be an adornment in Venezuelan social life, nor much less an instrument of domination for the established classes in the very complacent and comfortable Chavista cultural power.

The most noble function of culture —among others— is to interpolate, to interpret, to question. It implies a group of identities and visions of the world that, far from disturbing each other, converse. It’s also the point of departure for thinking about ourselves and germinating in our consciousnesses a critical, autonomous and fertile thought, full of imagination, impermeable to the will to dominate and indoctrinate. In other words, minds that are impermeable to the pretensions of the personalist, regressive and anachronistic project represented by Chavismo, a political current full of antagonisms and internal contradictions, which perhaps have yet to fully explode in all their magnitude in the public sphere.

Those who identify with these discussions should add their voices, taking advantage of the fact that at this moment of imminent danger there are still spaces for dissident expressions, facing the unstoppable disaster that overwhelms our country. It is a civic urgency that brings us together in the face of the machinery of control represented by Chavismo in power. May these words be debated, replied and multiplied, under the most varied forms, by each person, in every corner of the country, in every community, in each neighborhood, in every street, in restaurants, schools, newsstands, high schools, military bases, grocery stores, lines, universities, hospitals, in all the places where the current government —capable of persecuting even its own dissident currents, we can’t forget this— concretizes its ravages. We must remember: the very nature of this government is tied to intolerance and fanaticism. These pulsations go against any project elaborated for the common good, for peace, concordance, moderation, dialogue or critical understanding.

Today we also resist the submission and humiliation under an arrogant clique that has kidnapped Venezuela’s institutions. With our names and our citizenship, perhaps our most prized possessions, we are willing to raise our critical voices and participate in all possible discussions for a profound democracy, whose institutions can guide our current differences. We know: these desires can’t be achieved without the cause of the Referendum. Or in other words: the cause of the Referendum is the beginning of the other country, less subdued. That is the reason for this shout in the face of all attempts to delay —or prohibit— the imminent presidential recall process. This option today represents our right to justice, liberty, civility, democracy, in sum, our right to exist in the 21st century. May it be so.

Guillermo Sucre
Alfredo Chacón
Ana Teresa Torres
Elisa Lerner
Rowena Hill
María Fernanda Palacios
José Balza
Rafael Cadenas
Armando Rojas Guardia
Alejandro Oliveros
Igor Barreto
Yolanda Pantin
Edda Armas
Gabriela Kizer
Santos López
Carmen Verde Arocha
Alfredo Herrera
Alexis Romero
María Antonieta Flores
Luis Gerardo Mármol Bosch
Patricia Guzmán
Sonia González
Carmen Leonor Ferro
Julieta León
Luis Pérez-Oramas
Vasco Szinetar
Nelson Rivera
Elías Pino Iturrieta
Fernando Rodríguez
Joaquín Marta Sosa
Arturo Gutiérrez Plaza
Antonio López Ortega
Miguel Ángel Campos Torres
Ednodio Quintero
Marina Gasparini
Violeta Rojo
Gisela Kozak
Sandra Caula
Luna Benítez
Luisa de la Ville
Marcelino Bisbal
Tulio Hernández
Lulú Giménez Saldivia
Jaime Bello-León
Raquel Gamus
Víctor Bravo
Miguel Szinetar
Ricardo Jiménez
Diómedes Cordero
Francisco Arévalo
Mario Amengual
Alejandro Padrón
Ramón Ordaz
Luis Miguel Isava
Carlos Sandoval
Milagros Mata-Gil
Mireya Tabuas
Krina Ber
Bernardino Herrera León
Humberto Ortiz B.
Juan Cristóbal Castro
Nela Ochoa
Kataliñ Alava
Ángela Bonadies
Roberto Martínez Bachrich
Luis Moreno Villamediana
Guillermo Parra
Diego Arroyo Gil
Lorena González
Julio Bolívar
Patricia Velasco
Jacqueline Goldberg
Vilma Ramia
Harry Almela
Xiomara Jiménez
Aixa Sánchez
Sebastián de la Nuez
Vince De Benedittis
Norberto José Olivar
Juan Carlos Chirinos
Sonia Chocrón
Juan Carlos Méndez Guédez
Gustavo Valle
Fedosy Santaella
Lena Yau
Rafael Sánchez
Carlos Enrique Guzmán Cárdenas
Alberto Hernández
Miguel Ortiz
Keila Vall
Florencio Quintero
Samuel González-Seijas
Ricardo Ramírez Requena
Santiago Acosta
Alejandro Sebastiani Verlezza
Cesar Segovia
Néstor Mendoza
Rubén Darío Carrero
Blanca Rivero
Graciela Yáñez Vicentini
Franklin Hurtado
Luis Perozo Cervantes
Alejandro Castro
Zakarias Zafra Fernandez
Kaury Ramos
Claudia Márquez O.
Lucía Jiménez Perozo
Luis Marciales
Sashenka Garcia
Luis Yslas
Willy McKey
Mario Morenza
Álvaro Rafael
Georges Galo
Víctor García Ramírez
Kelly Martínez
Diosce Martínez
Ramelis Velásquez
Kira Kariakin
Flavia Pesci-Felitri
Sandy Juhasz
Ana Cristina Henríquez
Daniel García P.
Carlos Paris
Michelle Roche Rodríguez
Yoyiana Ahumada L.
Geraudí González
Mariana Fulcado
Johnny Romero
Dira Martínez Mendoza
Keyla Holmquist-Holmquist
Patricia Heredia Pelaca
Anaira Vásquez
Corina Michelena
Virginia Riquelme
José Malavé Méndez
Rubi Guerra
Adriana Cabrera
Luis Aristimuño
Orángel Morey Lezama
Hernán Zamora
María Di Giacobbe
Jairo Rojas

 

 

Lunes, 29 de agosto de 2016.