El libro muestra la historia de la ciudad a través de historias particulares y la vida cotidiana, construidas a partir de casos. No se trata de un estudio sistemático de los cambios en la vida urbana, sino de “miradas y reconstrucciones de la ciudad”, fragmentarias pero unidas por el hilo de una aproximación típicamente caraqueña, si se quiere, a Caracas

Publicado por la Fundación Empresas Polar, en su empeño de llevar contenidos de calidad a vastos sectores de la población venezolana mediante libros integralmente bien logrados, en edición conjunta con una selecta editorial, Ediciones Grupo TEI, comprometida con la calidad editorial y un país que palpita y convoca, el libro Caracas en varios tiempos. Miradas y reconstrucciones de la ciudad nos muestra una diversidad que debemos resaltar.[1]

En primer lugar, como su mismo título lo indica, concurre en sus páginas una diversidad de tiempos. Los autores, pertenecientes a distintas generaciones, presentan sus visiones de la ciudad y la retratan varias veces: a finales de la década de 1940 y en la de 1950, luego en las de 1960 y 1970 y la temprana de 1980; retoman también otras visiones de esas dos décadas más la de 1990, con la que se cierran los retratos escritos. El libro abarca decenios fundamentales para la transformación urbana y social de Caracas iniciada, al menos, desde mediados de la década de 1930.


Esta diversidad de épocas es el producto de la conjunción de autores distintos: Rebeca Zighelboim, una inmigrante judía que llega a la ciudad en 1948 siendo aún niña; Nelly Ramírez, una jovencita de los Jardines de El Valle; Silvia Beaujon, la hija de Rebeca, ya venezolana por nacimiento; yo, un niño, adolescente y luego joven, nacido en Caracas pero que siempre vivió en sus alrededores, específicamente en San Antonio de los Altos; Franklin Martínez, un chico proveniente de una populosa urbanización del oeste de la ciudad.

Tiempos y autores disímiles nos muestran una diversidad social no menos interesante. De los autores, cinco en total, tres son mujeres y dos hombres, lo que añade diversas visiones de género. Una es una inmigrante, otra la hija de un matrimonio trabajador, dos jóvenes de clase media y un hijo también de trabajadores que van contando todos sus historias, sus percepciones, sus penurias incluso, sus maneras de ver y aprehender la realidad. De esos cinco autores, dos son judías, aunque una de ellas ha vivido toda su vida en un país de mayoría cristiana, y los otros tres son católicos, contraste que añade mayor diversidad y encanto a los enfoques.

Los referentes urbanos del libro también muestran una pluralidad. Una autora recuerda sus días en el barrio residencial de San Bernardino, donde vivía y aún vive una importante colonia judía. Otra rememora los Jardines de El Valle, que fue desde finales de la década de 1940 y hasta principios de la de 1960 una apacible zona residencial. Otra autora cuenta sus días en una urbanización, entonces naciente, en el este de Caracas. Un autor relata su visión de la ciudad, un tanto fragmentaria, construida mediante flashes, desde la óptica de montaña: un habitante de San Antonio de los Altos que baja con frecuencia a Caracas a hacer vida familiar y social, aunque se siente no caraqueño sino parte de lo que en aquella época era un pueblo serrano cercano a la ciudad y no todavía, como ahora, una ciudad satélite o, fuerte denominación esta, una ciudad dormitorio, con todas sus implicaciones. Finalmente, los recuerdos de un chico que vivió en Lomas de Urdaneta, en Catia, uno de esos proyectos urbanísticos con los que el gobierno en su momento trató de darle respuesta al acuciante problema de viviendas que experimenta una ciudad tan densa y desigualmente poblada como lo es Caracas (rasgo bastante latinoamericano, por cierto).


Por si fuera poco, cada autor le da mayor o menor peso a determinados aspectos en los recuerdos de sus vivencias. Esto constituye un encanto más del libro. No hay un guión preestablecido. Cada autor recordó o quiso recordar desde su propia y personal posición de enunciación. De esa manera, cada quien fue seleccionando aquellos aspectos que le parecían más interesantes o que describían mejor o de manera más acertada sus experiencias caraqueñas. Por ello, encontramos un diverso tratamiento de aspectos como la gastronomía, la música, los entretenimientos, las costumbres urbanas, las creencias o los usos y las tradiciones caraqueñas, ampliamente entendidas en un mosaico de retazos de memoria. De las pizpiretas jovencitas judías del San Bernardino de la década de 1950 se pasa a los deliciosas costumbres de las familias de los Jardines de El Valle; de los juegos infantiles y los amigos de Chuao y Santa Marta a la comparación entre la vida en San Antonio de los Altos y El Rosal, ya en Caracas, y a pequeñas reuniones y visitas familiares; y para finalizar, se presentan los recuerdos de un niño que veía, a través de los cristales de la ventana de su apartamento, la gran ciudad que, un tanto distante en su propia percepción, crecía velozmente y cuyos rincones más emblemáticos recorría con sus padres. Evocaciones de personas, fiestas, escuelas, universidades, amores platónicos y otros no tanto, los ensayos van dando cuenta de una ciudad y sus habitantes desde una perspectiva vivencial, micro y no macro, aunque a veces se recurra a este nivel para explicar cambios que ocurrían en el entorno urbano. No faltan alusiones a la vida política del país, pero no como análisis sociológicos ni disquisiciones ideológicas, sino más bien como referencias vistas a través del tamiz de la vida familiar. La radio, la televisión, el teléfono y su impacto en la vida social; los automóviles y los nuevos espacios urbanos; artistas y personajes populares se van mezclando con la moda y los alimentos y bebidas, las normas de etiqueta que se enfrentan a los cambios sociales, la progresiva adaptación a una ciudad que dejaba de ser “pequeña” para convertirse en una metrópolis que reflejaba tendencias y procesos de otras latitudes y que hoy llamaríamos, simplemente, “globales”.

El libro muestra, pues, la historia de la ciudad a través de historias particulares y la vida cotidiana, construidas a partir de casos. No se trata de un estudio sistemático de los cambios en la vida urbana sino, como lo indica su subtítulo, de “miradas y reconstrucciones de la ciudad”, fragmentarias pero unidas por el hilo de una aproximación típicamente caraqueña, si se quiere, a Caracas. Estas visiones están cargadas de subjetividad, obviamente, pero al entrecruzarlas hallamos elementos comunes, indicadores que permiten una construcción del objeto del tipo que tanto preocupa a los positivistas, imbuidos del dogma de la objetividad. Las partes que integran el libro son crónicas urbanas, llenas de relatos y evocaciones, de reflexiones y ubicaciones concretas: fechas, nombres, lugares, acontecimientos, títulos, usos lingüísticos. Muestran el encanto de una ciudad que convocaba y acogía a grupos sociales y personas muy distintas entre sí, pero que a la vez resultaba habitable y grata sin los sobresaltos continuos que nos invitan a buscar y reencontrar claves de humanización para la Caracas actual. El libro va acompañado de un glosario que recoge expresiones y palabras comunes, especialmente en las décadas de 1950, 1960 y 1970, que ya han caído en desuso y algunas en obsolescencia. No se trata de un libro de imágenes, sino de recuerdos. Las fotografías, casi todas de los archivos familiares respectivos, acompañan a los textos, que son lo fundamental pues se trata de retratos hablados de la ciudad. Se ha logrado, sin embargo, una armoniosa presentación de retratos e instantáneas íntimas, tomadas sin ningún interés profesional ni presunción artística. Un hermoso y analítico prólogo, escrito por el Dr. Francisco Javier Pérez, individuo de número y expresidente de la Academia Venezolana de la Lengua, pone en perspectiva histórica el libro.

Finalmente, debe destacarse que Caracas en varios tiempos, en su conjunto, es una hechura común y colectiva de los autores. Si bien cada uno escribió las partes identificadas con su nombre, todos los textos fueron leídos una y muchas veces en voz alta y comentados por todos para compartir vivencias y recuerdos, precisar datos y asegurar una mayor comprensión de los contenidos más allá de los círculos familiares o íntimos, incluso etarios. Esto hizo que la aventura de escribir los textos de Caracas en varios tiempos fuera también la construcción de una telaraña de amistad y mutua complicidad. Silvia Beaujon, además de coautora, es en gran parte la responsable de la edición junto a Gisela Goyo, quien participó en la producción editorial. El diseño gráfico estuvo a cargo de Aitor Muñoz Espinoza y la corrección de textos es de Maribel Espinoza. La digitalización y edición fotográfica la llevó a cabo Juan Carlos López, excelente fotógrafo de Ediciones Grupo TEI.

Se trata, en suma, de un libro para saborear recuerdos y para comprender el valor de la diversidad, esencial como política del buen amigo, del buen vecino y del buen ciudadano. Sin el respeto a la alteridad, sea cualquiera su forma, desde la cultura y la religión a los rasgos fenotípicos, desde los intereses personales a la identidad de género, desde los pasatiempos a las ideas políticas, siempre en el contexto de la superación de la pobreza y las inequidades, no puede hablarse de verdadera democracia ni muchos menos de posibilidad efectiva de construir un proyecto digno y sostenible de sociedad plural, multiétnica y pluricultural. Esto también aplica a ciudades agradables para vivir, sin muros físicos o simbólicos que separen un sector de otro. Caracas en varios tiempos es el registro de un imaginario social caraqueño, de un imaginario de la amistad, de la integración a pesar de las diferencias, de un mundo posible sin persecuciones ni exclusiones.[2]

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[1] Biord Castillo, Horacio y Nelly Ramírez (coordinadores). 2012. Caracas en varios tiempos. Miradas y reconstrucciones de la ciudad. Caracas: Fundación Polar y Ediciones Grupo TEI.

[2] Una versión previa de este texto sirvió para presentar Caracas en varios tiempos. Miradas y reconstrucciones de la ciudad en la Feria del Libro en la Plaza de los Museos, en Caracas, el 29 de julio de 2013.