Su intensa contribución al conocimiento y la difusión de las literaturas indígenas venezolanas, coloca a Fray Cesáreo de Armellada al frente de quienes han luchado por revalorizar en el aprecio social a los pueblos indígenas que hacen vida activa en el territorio nacional. Así lo observa Horacio Biord Castillo, quien enfatiza la práctica de investigación participativa que inició Fray Cesáreo, consistente en “involucrar y capacitar a las poblaciones estudiadas como analistas de su propia cultura e idioma”

Fray Cesáreo de Armellada comprendió, desde muy temprano en su actividad misionera, la indubitable relación entre lengua, literatura y lingüística como disciplina que las aborda y explica. Si bien durante muchos años, en Venezuela, los cursos escolares de español como primera lengua y el área pedagógica que los abarca se han denominado “lengua y literatura” o “castellano y literatura”, no siempre se reconoce ni social ni incluso académicamente la estrecha vinculación existente entre dos realidades o ámbitos de suyo entrelazados de manera intrínseca, como lo son la lengua y la literatura y, aún más, la pertinencia del abordaje lingüístico para la comprensión de los fenómenos literarios, como bien lo mostró Jakobson.

El padre Armellada, entre los estudiosos venezolanos, fue sin duda un precursor de ello. En sus textos más tempranos de descripción y análisis del idioma pemón apuntó, de forma certera, esa vinculación entre la descripción y análisis lingüístico y el abordaje estético, como es posible aprehenderlo en uno de sus primeros artículos, titulado “Bellezas del dialecto taurepán (lengua caribe)”, publicado en el Boletín de la Academia Venezolana correspondiente de la Real Española (N° 3, pp. 208-223), en 1936.

Más adelante, pero concatenado con su aprendizaje y estudio del idioma pemón, publicó extensas muestras de la literatura en ese idioma. Muchas de las piezas literarias recogidas fueron incluidas en diversas publicaciones periódicas, fundamentalmente en la revista Venezuela Misionera que él, egresado de comunicación social de la Universidad Católica Andrés Bello en 1965, dirigiera con acierto durante muchos años.

La primera gran contribución del padre Armellada a la divulgación de la literatura pemón fue el libro Tauron panton. Cuentos y leyendas de los indios pemon. {Gran Sabana, Estado Bolívar, Venezuela}, publicado en Caracas en 1964 por la Dirección de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación, en la Biblioteca Venezolana de Cultura. Se trató de una edición monolingüe solo en español, de lo cual el padre Armellada siempre se lamentaba pues hubiera querido desde esa primera vez que apareciera en edición bilingüe. Los textos que integran el volumen son traducciones de los originales en pemón, recogidos por él mismo y por varios de sus colaboradores indígenas. Este aspecto es muy importante de destacar, pues se trata de una muestra temprana de lo que luego sería una práctica más extensiva en la antropología y las ciencias sociales en sentido amplio: involucrar y capacitar a las poblaciones estudiadas como analistas de su propia cultura e idioma.

Luego, en 1972 y 1973 respectivamente, aparecerán, entonces sí en edición bilingüe pemón-español mediante columnas enfrentadas, el Tauron panton II: así dice el cuento y el Pemonton taremeru. (Los tarén de los indios pemón) o invocaciones mágicas de los indios pemón de la Gran Sabana, ambos bajo el sello editorial de la Universidad Católica Andrés Bello. Poco más tarde aparecería Leyendas de los indios pemones, publicado hacia 1974 por el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE). También editó el volumen hermosamente ilustrado Panton mia-toi-kin pemonton vinankon: (una mano de cuentos de los indios pemón), en colaboración con Lyll Barceló Sifontes, publicado por la Alcaldía del Distrito Sucre (hoy municipio Sucre, Petare), en 1975.

Sin embargo, el interés etnográfico y literario del padre Armellada fue más allá del ámbito de la sociedad pemón y se proyectó a las diversas lenguas y literaturas del país. De esa preocupación indigenista surgió la extraordinaria antología Literaturas indígenas venezolanas (Visión panorámica actual de las literaturas indígenas venezolanas) publicada en 1975 en coautoría con su discípula ucabista Carmela Bentivenga de Napolitano. Este libro, publicado inicialmente por Monte Ávila Editores en su colección Temas Venezolanos, en coedición con la Universidad Católica Andrés Bello, ha alcanzado ya varias ediciones.

Tomados de los libros de literatura pemón, recopilados y anotados por el padre Armellada o de la referida antología realizada en colaboración con Carmela Bentivenga de Napolitano, fueron adaptados varios cuentos para versiones infantiles, como los muy populares de Ediciones Ekaré, acompañados de espléndidos dibujos o empleados como textos-base para la elaboración de guiones para teatro de títeres. Como profesor de Castellano y Literatura y principalmente en mi rol de padre-lector, fui testigo en numerosas oportunidades del gran interés y entusiasmo que estas lecturas de cuentos indígenas suscitaban en niños y adolescentes, especialmente si eran dramatizadas al menos parcialmente o acompañadas de muñecos y objetos etnográficos.

Las recopilaciones literarias del padre Armellada han servido para varios propósitos. Entre ellos, debemos enfatizar la visibilidad y el aprecio social que se les devolvió u otorgó, según el caso, a los pueblos indígenas, sus lenguas y culturas. La divulgación de las literaturas indígenas contribuyó a mostrar cuán amplias, ricas y complejas son las culturas y lenguas indígenas de Venezuela, sus imaginarios sociales, sus cosmogonías y cosmovisiones. Otro propósito ha sido interesar y entusiasmar a los propios indígenas en la recopilación de su acervo cultural, lingüístico y literario, incluso mediante el análisis crítico y la comparación de las versiones ofrecidas por Armellada con otras también relatadas por sabios y especialistas indígenas. Un propósito nada menor, estrechamente relacionado con el primero, ha sido el uso de dichos materiales literarios en el contexto de la educación formal en sus distintos niveles (desde la educación inicial hasta la universitaria).

La faceta de recopilador literario del padre Armellada nunca podrá ser olvidada en Venezuela y ojalá su ejemplo en este vasto campo de la investigación y difusión constituya un acicate para nuevas contribuciones. Nunca será suficiente lo que logre hacerse en este campo del registro sistemático, la salvaguarda y la divulgación del patrimonio cultural indígena, para los mismos pueblos amerindios y su sobrevivencia etnocultural y lingüística, así como para los países iberoamericanos y la humanidad entera. Precisamente, en momentos de profundos dilemas en torno de los orígenes venezolanos y latinoamericanos y de alienante vergüenza étnica, fray Cesáreo y Carmela Bentivenga de Napolitano escribieron en la introducción a su antología Literaturas indígenas venezolanas: “En Venezuela, ser indio o tener indios no es una pena; pero sí sería una pena y hasta una desgracia nacional no saber estimar, estudiar y sumar al acervo nacional lo que hay de valioso en nuestros Pueblos Aborígenes Venezolanos. Como en la leyenda del tigre y el fuego, no pisemos ni echemos tierra a las candelas de nuestros hogares indígenas para apagarlas por campesinas y silvestres, alentémoslas más bien con nuestros soplos amorosos y tendremos hermosas llamaradas, brillantes faros como el del Catatumbo, en todos los rincones de la patria” (pp. 11-12, negritas nuestras).

Sigue siendo un tema nada fácil lo profundamente arraigado de los prejuicios anti-indígenas en las sociedades venezolanas y latinoamericanas, en general. Tales prejuicios contribuyen significativamente en el desarraigo y la alienación de nuestras sociedades e identidades locales y regionales.


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