Mediodía en Venezuela. 12 poetas contemporáneos [Edición bilingüe: Español – Italiano]

Rafael Cadenas, Igor Barreto, Harry Almelo, Yolanda Pantin, Santos López, Alfredo Herrera, Arturo Gutiérrez Plaza, Gabriela Kizer, Jacqueline Goldberg, Gina Saraceni, Luis Moreno Villamediana, Carmen Verde Arocha

Selección crítica: Diómedes Cordero. Traducción: Silvio Mignano. Cuidado de la edición: Igor Barreto

Caracas. El Estilete, 2016

ISBN:978-980-7786-08-9

412 páginas

 

PRESENTACIÓN

Son doce: Rafael Cadenas, Ígor Barreto, Harry Almela, Yolanda Pantin, Santos López, Alfredo Herrera, Arturo Gutiérrez Plaza, Gabriela Kizer, Jacqueline Goldberg, Luis Moreno Villamediana, Gina Saraceni y Carmen Verde Arocha. Como esto no es una introducción no se pretende establecer un orden entre las obras poéticas en de-construcción permanente de estos doce poetas venezolanos vivos, en plena potencia creadora, aun cuando entre una obra y otra y entre todas se puedan encontrar similitudes y diferencias: que permitirían articular sus personalidades verbales dentro de la tradición de la poesía venezolana.

En estas palabra preliminares de Mediodía en Venezuela. 12 poetas contemporáneos sólo quisiera mostrar el carácter extraordinario de la poesía que se escribe en estas latitudes, ateniéndonos a nombres reconocidos por lectores y críticos. No se pretende tampoco interrelacionar las obras, generar un sistema, ni plantear la integración de elementos de riesgo y novedad como reconocimiento y canonización de la tradición venezolana.

Sólo advertir en cada obra el giro conceptual, el horizonte de expectativas derivado de la complejidad vital e histórica que condiciona lo estético y lo político de estas voces aquí representadas. Podríamos decir que este libro ofrece un registro del cambio de época entre las décadas de los sesenta y los noventa. Dicho registro (a modo de pequeño inventario) da cuenta del campo de cada obra y su resonancia en la tradición de uno de los países más particulares por sus aportes a la literatura latinoamericana. Fijado al umbral de cada selección por autor ofrecemos al lector breves descripciones de los distintos credos poéticos así como informaciones valiosas sobre sus respectivas bibliografías.

La selección se inicia con la figura de Rafael Cadenas quien sin lugar a dudas ha devenido en el poeta vivo más importante de la poesía venezolana, un verdadero clásico. Desde la exuberancia verbal de sus inicios ha encarnado un particular barroco. Su obra de tono y carácter reflexivo ha explorado el uso y función de la palabra en el contexto de la cultura de Occidente y Oriente, derivando en la práctica del aforismo como un ejercicio de alta moral poética.

Ígor Barreto ha de-construido su obra en relación con la imposibilidad de la representación del paisaje venezolano. De la crisis y crítica de la representación romántica del paisaje del llano ha pasado, en una variación poética notable, a la de-construcción de la representación del paisaje de la violencia y la pobreza del presente político del país: en pocas palabras su obra a marcado el transito del paisaje geográfico cultural al paisaje político cultural.

Harry Almela canta irónica y políticamente la naturaleza y la genealogía del paisaje venezolano. La peligrosa ironía presente en el carácter paródico de su lenguaje socava el significado de las palabras, subvierte las relaciones de poder de los discursos y los contextos, hasta alcanzar la constitución misma de la lengua, mediante el uso de vocablos del ladino, de la poesía sefardí, como un mecanismo de resistencia frente a la neolengua del poder.

Yolanda Pantin asume de manera continua nuevos riesgos en la creación de su obra, como respuesta al reconocimiento nacional e internacional de su poesía destacada por su alta fulguración y su importancia dentro de la lengua española. Sostenida en una moral de ambición humilde, da forma y representa las voces interiores en disputa con los ruidos de la mundanidad exterior. Una tarea ética de alta factura que nombra poéticamente al país.

Santos López es quizás uno de los poetas más excéntricos de la tradición venezolana. Su obra se centra en la exposición de signos, imágenes, representaciones de otra cultura diferente a la occidental. Concibe el poema como método de contemplación y exploración de fuerzas oscuras del azar, tiempos y espacios de orígenes diversos relacionados con comunidades africanas.

Alfredo Herrera en un tono reflexivo y en una dicción de alta concentración interroga lo real sin excesos verbales ni barroquismos expresivos, en cercanía con lo visual y lo fotográfico expone con asombro los recodos y fragilidades del ser.

Arturo Gutiérrez Plaza indaga la naturaleza misma de la escritura, sin dejar de lado la mirada sobre los objetos y la cotidianidad, como su forma de abrirse a la transfiguración de lo real. Es un poeta de un cuidadoso e intensivo tratamiento del poema y del mundo representado como posibilidades alternas a la precariedad de la cultura contemporánea.

Gabriela Kizer aspira al sueño de la construcción babélica de la lengua y del poema como emanación divina del libro imposible de la tribu. La irrupción de la originalidad en su arquitectura poética, la puesta al día del dislate como forma constructiva, la idea del texto como una continuidad de indagaciones sobre el acto de escribir, la ruina de las jerarquías, la creación como sublimidad descartada transforman la aspiración de Kizer en un modelo de búsqueda, en un asombroso logro inobjetable.

Jacqueline Goldberg pone en escena los asuntos del cuerpo y la digestión de los residuos de otros cuerpos. Fiel a herencias poéticas antiguas de lo maldito, y del “yo” herido en su raíz, impotente frente al dolor y el sufrimiento. De esta experiencia resulta un lenguaje enigmático, a veces abrupto; y escéptico hasta la tentación aforística.

Gina Saraceni oscila entre las experiencias de la revelación del presente y la plenitud de la imagen del instante perdida en la memoria. La casa y la ciudad son tentativos lugares de tales desconciertos. Así como la celebración de la naturaleza, de lo vegetal y lo animal en conjugación con lo humano. La relación armónica de lo real parece animar el ritmo de su poesía.

Luis Moreno Villamediana contradice tanto los referentes de lo real como los del lenguaje y los de la tradición poética. Su obra expone el desgaste de todo centramiento y certidumbre del yo y sus posibilidades. Desde el descoyuntamiento de la gramática (paréntesis, corchetes, rayas, etc.) hasta el cuestionamiento de formas acreditadas y consagradas, las cuales de-construye. Expone las ruinas de un autorretrato, bajo la levedad del humor y el desparpajo.

Carmen Verde Arocha recurre al sueño, al mundo interior, secreto y oculto entre los pliegues y la profundidad de lo femenino. Tampoco desdeña el mundo exterior, representado en una mirada que fija lo acuático y lo temporal. En este temperamento onírico y singular fluye, fría y misteriosa, su poesía.

Son estas las poéticas que informan mínimamente sobre la singularidad de la poesía venezolana contemporánea. Siempre tendremos que dar las gracias al empeño y al esfuerzo institucional de la Embajada de Italia en Caracas, representada por el señor embajador Silvio Mignano y la Editorial El Estilete representada por el señor Garcilaso Pumar. Incluso, para fortuna de nuestros poetas, la traducción al italiano esta refrendada por el conocimiento que del castellano tiene el mismísimo señor Mignano. Es un acierto que distingue a los lectores de ambos continentes y ambos países.

 

Diómedes Cordero